jueves, 10 de febrero de 2011

Desde qué fuegos



Desde qué fuegos
quedó 
en el vidrio 
un infierno
que curtió sus pies, 

dejó atrás la ciudad.

Urdió la fuga en mitad de la tarde
cuando el cerezo florecía, 
y ella agonizaba
entre los fuegos 
de su pelo:
-destellos lucen en los escaparates
con la muñeca rota 
apuntando el índice
hacia la puerta –

no más allá, 

porque se pierde
entre luces artificiales
a las que no está habituada.

Las vitrinas exhiben excentricidades
y lejos se reparte trigo y agua,

las tierras baldías son para hincarse en ellas
entre espejismos, 

dar a luz
rizando en los charcos
los sueños quebrados 
hasta sacarse el lodo 
de la frente 
que descifra las nubes
y hoza en la arena 
la grieta de un dios.

No hay más certeza que el aire 

ni más 
ni menos.