sábado, 4 de septiembre de 2010

Te ofrezco

Te ofrezco

la flor almibarada

donde nutrí a mis hijos,

hinchada magnitud perpleja

de un capullo a punto

de abrir su seda.

Te ofrezco entrelazada

la llaga del tormento y tu memoria

que hará encender la veta más preciada

de la piedra hueca

que tu llenas.

Encañado trigal

entre el aire y mi cuerpo,

somos dos acaudalados

hacia el océano.

El silencio

El silencio es el imperio de tu voz en este instante

que la vena en desmedro vocifera,

el silencio ha cegado tu retina quien escribe mi poema,

el silencio tuyo es mi prisión,

el que me dicta un arrebato del viejo aquelarre

y mi piel se despliega en apéndices,

convulsionan rizomas

en la submarina luz.

La lira vibraba absorta en mi respiración,

y tu rostro,

ahora,

gélido

fragua la tromba

en el caos del panteón.