
A mis ojos sedosa como una nube
mi boca en el retoño dulce
del árbol.
De su tronco pendía
como un hoja pálida
el error.
Y una llaga que sangra.
Mis cabellos son arena hasta la playa,
litoral largo de nidos mis piernas.
No saldré temerosa
en una hoja blanca.
Mis pies suaves se hunden en la
delicada humedad del mar.
Es la venda que me duele
murmurando.
Todo mi vigor
devenía
en mis suburbios
carcajadas.
Dame un beso madre,
cobíjame
de este fuego majestuoso
que molesta a las hembras
en la calle.
Gota a gota de rocío me desarma
un desconocido que me acecha.
Nací mujer como la luna,
blanca lima
que formó mis caderas
equivocadas,
volcán enrevesado
desprovisto de cadencia,
en mis ojos
hay desconfianza.
Como el sol abarco
los mohines suaves
y melosos de las hienas,
ellas ríen de mí
y yo las beso
en los sueños del purgatorio.