miércoles, 29 de septiembre de 2010

Otoño

Van los años
acumulando el excremento
sobre las estatuas de la plaza,
allí donde se expandieron mis huesos ilíacos,

desbocada mi boca  lamió tu pecho
y te recorrí en treinta  orgasmos por hora
era el record que me exigías,
para sentirte gloriosamente macho.

No olvido cuando  cayó el anillo
de cobre que me habías regalado,
entre las hojas del suelo me incliné
a buscarlo,
tú displicente detrás.

Tus brazos  agarraron mis costillas
te robaste lo más sagrado,
que mamá me encargó cuidar.

Nunca encontré el anillo,
estaba rotando entre las estrellas
mientras nos éramos un río pegajoso
sobre las hojas secas
y nuestros congelados lomos
un afiebrado otoño.

1 comentario:

Natalia dijo...

Excelente!!! saludos desde Buenos Aires